Kallanpa
Simi
Mis palabras no pueden superar las cosas que haces
mi ociosa lengua
escribe para la extinción
Mis palabras no pueden contener lo que eres
temblor de espinas
lo absoluto no existe
Mis palabras son incapaces de alcanzar tu partida
convocar mi dolencia
decir fuego
Madre lago
Titicaca, útero de agua
Perla relumbrante, lágrima del cielo
Todo ojos te contemplo, jubiloso
Y mi vida fluye plenamente
Por tus aguas violáceas
Cada día por la mañana
El padre sol te asedia
Y en su dorada boca de fogón
Resplandeces en medio de cerros:
Ya verde, ya rojiza
Ya lila, ya ocre
Y cuando llega el mediodía
Tus aguas son el vasto espejo
Donde se reflejan los apus
Dioses coronados de nieve
Y bajo la lúgubre noche
Te extiendes como una manta
/de luto
Hendido por gélidos vientos;
Y el rayo que truena y resplandece
Urde sinuosas tramas
En tus aguas revueltas
Retamita
Retama- retamita,
Florcilla amarilla en la orilla del río,
si tuvieras piecitos te escaparías de la helada,
no dejarías quemar tus lindas flores de retama,
seguirías con tu rostro de manzanita roja.
Retama-retamita,
florcilla amarilla en la orilla de los ríos,
si tus ojos fueran negros, como los míos,
juntas lloraríamos perla tras perla,
«chilinn-chillin» gotearían a la madre tierra,
entonces escucharías nuestros torcazas:
aprenderían a conocer la tristeza de las mujeres,
sabrían como se malgasta las lágrimas de las mujeres.
Retama- retamita,
Retamita del rio cristalino,
Si tuvieras boquita de mujer,
que linduras no desgranaríamos,
nos secreteáramos nuestras vidas de solteras-manzanas,
también te diría quien deshoja nuestras flores,
te señalaría quien marchita nuestras semillas.
Contadas las tristezas,
Secreteada las penas,
Que hermosuras volveríamos a florecer,
embriagaríamos los corazones con aromas de retamas.
Chocita
Pequeñita
la puerta de mi choza
donde cabe
solo un suspiro
que despacito entra
con los brazos extendidos
para besar el amor
que en la tullpa espera
Encenderemos
nuestros fuegos
Los humos
confundidos
con la noche
ambularán
en secreto
No nos descubrirán
Al abrirse la luna
habremos apagado
el dolor de volver
Quién sabe
será la última vez.
Tus latidos
se recogerán
en mi pecho
Al amanecer
escalaré la partida
Ojalá
pueda volver.
Elogio de una lengua nativa en la lengua dominante (Garcilaso Inca revisited)
No con los ojos, con los labios en el pezón henchido
te fui prefijando, lengua madre
en la leche, en la boca, en el oído
No en los libros, en el seno materno te hallé
No en la rígida letra, en los sonidos, lengua oral
toda oídos
Ahora riges mi voz, mi oído
río Ene
mi honda caja de resonancia
acata
la leve penumbra cuando comparece
(lactancia materna)
tañido cósmico con el que llega la luz del alba
¡wak!
la exhalación de los bosques neblinosos
todo vibra en el universo
Un ciervo marca su territorio en las nacientes de un río
su pisada en el barro
salto de agua
se cumple en la boca de un niño andino
la intensidad del sol de mediodía, su ardor que refulge ¡k’an!
Indios, mestizos, criollos
es como tener
una oreja más
No en los diccionarios, en el firmamento sereno
resplandece ¡ch’ak!
el lucero del amanecer
la tranquilidad discurre thak
(estado del Buda)
Lengua de músicas aglutinantes
jilguero consorte / canario flauta
consonante vibrante bilabial continuativa
fricativa alveolar aspirada
oclusiva palatal sonora
concha acústica
fuelle
de las sibilantes ensordecidas
alineamiento de sonidos en mi garganta
yo escribo lo que mamé en la leche
y vi y oí
a mis mayores
Lengua madre / lengua útero
sufijos que se enciman
vástagos y rebrotes
en lo alto del paladar
hijuelos clan
(3er Ayllu, Hanan Cusco)
una palabra traba Tiempo y Espacio
otra, sujeta el sol
enseñar, aprender tienen la misma raíz
yacha
nacer, amanecer es lo mismo
Hoja desprendida
En los amarillos del
ocaso donde muere el
día encargué al viento
que guarde tu nombre
hasta mi retorno
Escarbé a ciegas
obscuros caminos
buscándote.
Luciérnagas
gritándome
No lo vi pasar
nunca lo vi.
Sobre praderas
desnudas de viajante
peregrino
mis castigados
andares cayeron
en el espanto
Angustias
interminables
opacaron mis débiles
fuerzas.
Volé por los aires
bajo el surco abierto
que deja huella en el
mismo cielo
para buscarte
Hermosa hoja
desprendida
He salido con el sol
de verano
lloviéndome estos
inviernos de
congeladas nostalgias.
Todo es desolación.
A mi paso he visto
diez, cien, mil
caminantes como yo
llevando en sus
alforjas
ilusiones
copiosamente
silenciadas.
Es la nada de los
caminos
El elipsis de los
tiempos.
Busco la flor silvestre
que regué con
lágrimas
encargaré tu fuerza
y mi fuerza
en sus pétalos
para decir que
¡Te he de encontrar!
¡Te encontraré!
Aunque la vida me cueste. ¡Te encontraré!
